lunes, 26 de marzo de 2007

Inundaciones

Foto obtenida desde la web

"Media ciudad está inundada", anunciaba anoche Crónica TV. Hace rato que no salgo a ver la ciudad. Sólo veo mi casa. Y mi casa está inundada.
Rayos, relámpagos y truenos parecían ser presagio de algo. Pero no lo vimos. Estábamos absortos mirando la canaleta, la misma que nos venía trayendo problemas con cuanta lluvia, chica o grande, había. Por suerte todo estaba bien. Bastó desviar la vista sólo un poco para notar que cerca de la canaleta, y no por ella misma, se estaban escurriendo unos hilos de agua que se deslizaban por la pared recién pintada. Contemplando esa imagen sin poder hacer nada para evitarlo, se empezó a sentir cómo se filtraba el agua por debajo de la puerta de la terraza para caer en el mismísimo comedor. Mientras Luis subía para tratar de evitar que la cosa empeorara, intentando cerrar mejor o sellar la puerta, el pequeño chorrito de agua ya estaba dejando su camino bajo la escalera recién pintada para caer como dos chorros de agua en el piso. Yo no podía reaccionar. Los movimientos de mi mente parecían estar en perfecta sintonía con los de mi cuerpo, desde mi torpeza sólo podía reconocer instrucciones simples como "poné un trapo ahí" o "traé un balde acá". No puedo culpar de esta inmovilidad a mi estado actual; no es la primera vez que pasa algo así, y mi mente se bloquea en estos casos, no sabe qué hacer, qué pensar, cómo reaccionar...
Pero el "caos" avanzaba. Ya no bastaba con ver cómo el agua encontraba pequeños espacios para meterse en casa. Ahora había encontrado una salida (o mejor dicho, una entrada) mejor. La vieja rejilla (inútilmente tapada) empezó a escupir agua por todo orificio, agujero, ranura, intersticio que se lo permitiera. En pocos momentos el piso se estaba llenando de agua, no había manos, trapos, blades, ni escurridores que pudieran evitarlo. Rápidamente se corrieron muebles, se desconectaron electrónicos, se alejaron del paso todos los objetos a los cuales pudiera llegar el agua. Luis abrió la puerta para obligar al agua a salir al pasillo, pero... el agua acumulada en el pasillo se le abalanzó buscando refugio en casa. Cómo se explica que el piso de casa esté más bajo que el del pasillo?!
Luis luchaba contra el agua a dos manos, a diez manos si las tuviera, con todo lo que encontrara útil para la tarea, con todo el cuerpo. Yo nada podía hacer. Sólo miraba. Y sufría. Angustia. Deseperación. Impotencia. Bronca. Se me cruzaban imágenes de los inundados, de los verdaderos inundados, a conciencia de que esto no es ni una mínima muestra de lo que ellos viven. Ni intento comparar las situaciones, pero hay un momento en el cual no sabés cómo va a seguir ni a terminar la historia, sólo ves que el agua avanza, y no querés ni imaginar hasta dónde lo hará.
El nivel de agua seguía creciendo. Dicen que cayeron 62 mm en 2 horas en la ciudad. En casa creo que llegó en la zona más afectada a 40mm en 15 minutos. Muchas cosas se mojaron: el sillón, mesa y sillas, cajas de libros. Nada grave, más que la sensación de que el agua vuelva a invadirnos en cualquier momento...

domingo, 25 de marzo de 2007

Relojes blandos

"La persistencia de la memoria", de Salvador Dali, 1931

Nervios... Miedos... Nervios... Miedos...
Hasta hace poco eran nervios por llegar a la fecha esperada. La fecha está llegando. Ahora los nervios son porque la fecha está más que cerca.
El reloj sigue avanzando. Ya cuenta 18 semanas desde que empecé el reposo, más de la mitad del tiempo que Sabrina está dentro mío. Y contará... cuántas más? Una? Dos? Quizás más? Cuántos días más pasarán hasta que esté acá afuera, junto a nosotros?
A esta altura se pierde la dimensión del tiempo que pasó y el que falta. Como en los relojes blandos de Dali, la percepción del tiempo y del espacio adoptan formas blandas que se ajustan a las circunstancias.
Los sentimientos se agolpan, se pelean, se contradicen, se unen, se transforman. Miedos, nervios, felicidad, orgullo, ansiedad. Ya llega. Falta poco. Falta tanto.