30 semanas. 9 kilos más que el peso que tenía antes de mi embarazo. La panza está bien. Escuchamos el corazón de la bebé... qué mejor sonido en ese momento! Miguel nos escucha, es muy escueto a la hora de decir algo, a él sólo le alcanza con un "está todo muy bien, sigamos así". Y ahí vienen nuestras preguntas, y sus respuestas claras, convincentes. Me da una seguridad increíble. Confío en él plenamente. Con su seguridad, con sus respuestas me deja más que tranquila. Salgo del consultorio mucho más relajada, más tranquila, más segura de que todo va a salir bien.
Pienso en el embarazo y el parto de Romina. Y no me canso de agradecerle. Fuiste vos, me decía él, yo no hice nada.
Creo que es cierto en parte, yo hice el reposo, yo tuve los cuidados. Pero él fue quién me guió. Yo sólo creí en él y respeté sus palabras. Confianza. El se la ganó desde el primer día.